«Una de las inspiraciones más bellas de la Iglesia son las JMJ»

En este mes de abril se cumplen 40 años de la primera convocatoria que hizo a los jóvenes el papa Juan Pablo II, entregándoles en la Plaza de San Pedro -en el año Santo de la Redención- la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), plantando así la primera semilla de este gran evento.

Diversas actividades han recordado este aniversario en Roma, entre ellas, una vigilia, dos misas y una procesión con la cruz de la JMJ en la Plaza de San Pedro.

“Una de las inspiraciones más bellas de la Iglesia contemporánea son las Jornadas Mundiales de la Juventud”, declaró en una entrevista a Omnes, el cardenal José Tolentino de Mendonça, Prefecto del Dicastero para la Cultura y la Educación, antes de iniciar la misa el 13 de abril de 2024.

El cardenal Mendonça durante la misa del 13 de abril

“El Papa san Juan Pablo II interpretó muy bien los tiempos y vio la necesidad de que, en nuestro momento histórico, pensando en el presente y el futuro de la Iglesia, hubiera una especial atención a los jóvenes, creando en el interior de la experiencia eclesial, un espacio prioritario para el protagonismo de los jóvenes” añadió. “Hoy, 40 años después, tras el Papa Benedicto XVI y ahora con Papa Francisco -prosiguió el purpurado- percibimos que las jornadas son una contribución muy grande a la experiencia de fe de los jóvenes.

También para que ellos se conviertan -como decía san Juan Pablo II- en los primeros evangelizadores de otros jóvenes”.

Interrogado sobre los frutos vocacionales de la JMJ, el Cardenal Tolentino consideró que “las Jornadas son uno de los aspectos más hermosos, pues el aumento de las vocaciones masculinas y femeninas – y también al matrimonio-, ha sido uno de los efectos mas potentes en las ciudades y países donde se han celebrado las JMJ”.

“Pienso -indicó también el Cardenal- que cada Jornada deja una marca inolvidable en el corazón de los jóvenes, que se manifiesta en la triple alegría de ser Iglesia, de creer en Jesucristo y de anunciarlo”.

Al recordarle al purpurado que cuando san Juan Pablo II convocó las JMJ algunos profetas de desventuras indicaron que sería un peligro poner a tantos jóvenes juntos, el cardenal respondió:

“Lo extraordinario es ver que los jóvenes han dado y continúan dando un testimonio muy grande al mundo, de lo que es el respeto de unos por los otros, de lo que es rezar juntos en medio de la calle, lo que es dar testimonio de Cristo de una forma serena y entusiasmada”.

El Centro Internacional Juvenil San Lorenzo (CSL) acogió la celebración del sábado 13 de abril. Un evento que contó con el patrocinio del Dicasterio para laicos, familia y vida, y de la Fundación “Giovanni Paolo II per la Gioventù” y la participación de varios movimientos de jóvenes, como la Comunidad católica Shalom que animó con su música, franciscanos, Legionarios de Cristo, seminaristas polacos y otros presentes.

El domingo, el cardenal Lazarus You Heung-sik, prefecto del Dicastero para el Clero presidió la Misa en el Centro Internacional Juvenil San Lorenzo. La presencia de los dos cardenales, uno portugués y el otro coreano, simbolizó el puente entre la última JMJ de Lisboa y la próxima del 2027 en Seúl.

La primera JMJ

El 14 de abril de 1984, 300.000 jóvenes provenientes de todo el mundo llegaron a Roma, hospedados por unas seis mil familias romanas, constituyendo la primera reunión multitudinaria de jóvenes. Tras entregarles la Cruz en la Plaza de San Pedro, el madero pasó a ser el símbolo de las JMJ, al que se unió el icono de Salus Populi Romani, la patrona de Roma, también entregada por san Juan Pablo II.

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