Rémi Brague: «Tenemos que integrar a los musulmanes»

En su libro, publicado en España por Encuentro, subraya que sobre el islam no se realizan las reflexiones o críticas que sobre otras religiones o instituciones sí. ¿A qué cree que se debe esto?
Hay dos tipos de libros sobre el islam: libros de presentación sencilla, casi siempre de carácter apologético o polémico, y monografías muy eruditas. Lo que me he atrevido a hacer es una descripción de los fundamentos del islam y de aspectos que la gente islámica de hoy prefiere dejar en la sombra. Por eso entiendo que pueda parecer desagradable. Pero no lo he escrito para que guste o no; quería que fuera lo más objetivo posible, pues es lo que tiene que buscar un académico. No contiene nada de crítico. Es una descripción de la religión y de la ley islámica con un montón de citas de autores que tienen una gran autoridad en esa comunidad. Claro que tengo que arrojar luz sobre fenómenos y doctrinas que a nosotros no nos gustan pero que esta religión considera normales y normativas.

Afirma asimismo que el islam no es una religión tal como la entendemos.
Para nosotros, una religión consiste en un culto a Dios. Por lo que se refiere a la moralidad, Dios nos deja escoger lo que tenemos que hacer según las reglas de la moral común. Pero en el islam hay una ley que el musulmán cree que es de origen divino y que tiene que seguir. Claro que es una religión, pero es religión más ley; como el budismo es religión más sabiduría y el judaísmo, religión más pueblo. El cristianismo tiene de particular que es solo una religión. 

Analiza algunos de los aspectos controvertidos del islam, como la sharía o la yihad. ¿Cómo presentaría esta religión en síntesis?
Lo que busca un filósofo es la esencia de las cosas. En este caso, lo que encontramos en todos los países islámicos y en todas las épocas. Hay un principio fundamental que es la idea de una revelación que dicen que viene de Dios y nos da lo que tenemos que hacer. Ello, con variaciones que probablemente vienen más bien de las circunstancias históricas. Cuando buscamos lo que los musulmanes creen o hacen tenemos que pensar que no es únicamente sobre la base de la fe islámica, sino también del mundo moderno. Lo que describo es lo que tendrían que hacer si siguieran auténticamente los preceptos de su religión.

¿Entra ahí la yihad?
Yihad significa conquista, no necesariamente guerra. La conquista es esencial al islam. Tiene que expandirse para que todo el mundo sea sometido a la ley de Dios; tiene que sustituir a las religiones anteriores, judaísmo y cristianismo, para la salvación de la gente que todavía no admite que ya es islámica, como enseña una doctrina muy interesante en el islam. Esa conquista no tiene necesariamente que ser violenta. Si se obtiene sin combatir es mejor. Puede ocurrir por persuasión, influencia cultural o por razones demográficas.

Después de esta investigación, ¿en qué términos cree que debe plantearse el debate sobre la presencia de musulmanes en Europa?
Esa no es pregunta para un filósofo sino para un político. En lo que se refiere a mí, la cuestión principal no es el efecto positivo o negativo de su presencia, sino la verdad: ¿es cierto que Dios ha dictado a Mahoma el libro que conocemos como Corán? Para mí no hay argumentos filológicos o históricos convincentes que hagan necesario creer en un origen divino. La primera condición para que se plantee su cuestión de modo eficaz sería tener una idea suficiente, adecuada, del islam, de lo que es y de lo que quiere. Esa es mi contribución.

Distingue al inicio de su obra entre el islam como actitud ante Dios, como religión, como civilización y como población concreta. En este último sentido, ¿cree posible la formación de comunidades musulmanas a la europea?
A mi parecer el mayor problema no es el del islam sino el del estado de la civilización europea. Muchos musulmanes podrían contentarse con vivir en una Europa que tuviera principios antropológicos sanos, verdaderos. Ahora bien, en Europa hoy vivimos con principios que son mentira y esas mentiras no les gustan a los musulmanes. Por eso, para esa gente el islam es la solución al estado decadente de nuestra civilización. Los musulmanes son prudentes. Por eso prefieren quedarse un poco fuera del espacio social. Esto no es una explicación universal del fenómeno, pero sí parcial. Tenemos que hacer algo para que la civilización europea sea aceptable para los musulmanes.

¿En qué medida cree que al partido de Le Pen y otros similares les mueve una preocupación razonada por la integración de población musulmana y en qué medida un racismo o rechazo irracional hacia árabes y musulmanes?
Mientras haya idiotas, habrá racistas. Dicho esto, tendemos a utilizar la palabra «racismo» en todos los sentidos, incluso cuando no se trata de razas. Así podemos estar utilizándola como un arma más que como un instrumento de análisis. Hay de todo entre los votantes de RN y me cuesta creer que el 40 % de los franceses sean monstruos. El éxito de este partido no se debe solo al problema de la inmigración masiva y descontrolada. Entre muchos pequeños agricultores, artesanos, trabajadores, hay una reacción a un sentimiento de abandono por parte de las élites. Estas personas a veces tienen la impresión de que a los inmigrantes se les ayuda más que a ellos mismos. La misma impresión existe entre los inmigrantes de países no musulmanes.

¿Están pagando algunos gobiernos europeos por su incapacidad de responder adecuadamente a esta cuestión?
Ciertamente. Incluso diría que pagan no solo por su incapacidad para responder a la cuestión, sino también por su incapacidad para aceptar que se formule. Sin embargo, decir que hay un problema no significa que se pueda solucionar de cualquier manera y menos aún que se deba solucionar de forma violenta. ¿La ceguera intelectual de quienes pretenden gobernarnos se debe al principal motor de la historia, la estupidez? ¿Es en gran medida voluntaria? No puedo comprender las vísceras y los corazones.

 ¿Por qué cree que estas corrientes de extrema derecha se extienden más en unos países que en otros, es solo cuestión de inmigración?
«Extrema derecha» es un término interesante por su uso. Todos vivimos en países patéticos: nos dicen que tenemos una extrema derecha, pero no tenemos una extrema izquierda… Escuchen a los medios de comunicación estatales: gente como Mélenchon, los comunistas, o incluso los trotskistas declarados o no son ciertamente de izquierdas, pero enteramente respetables, pertenecen al campo del bien.

El ascenso de la llamada «extrema derecha» es un fenómeno paneuropeo. A veces existen diferencias considerables entre diferentes países. Algunos se centran en la inmigración, otros en un nacionalismo más clásico. También debemos tener en cuenta el pasado de cada país: los argelinos han sido educados para odiar la colonización de Francia. Por otro lado, los turcos en Alemania no se sienten en un país enemigo. Dicho esto, los repetidos disturbios en Malmö tuvieron lugar en Suecia, un país que no ha tenido una aventura colonial. 

¿Hay algo más en esto que parece un cambio de ciclo a favor de la derecha en general frente a la izquierda?
Es cierto que el fenómeno llamado «desgaste del poder» juega un papel que no debe descuidarse. Desde hace varias décadas, al menos en Francia, hemos tenido gobiernos de derecha que, en muchos puntos, aplican las llamadas políticas de izquierda. Este es particularmente el caso de las llamadas cuestiones «sociales». De ahí cierto cansancio. Y desde la última guerra, el discurso público (medios de comunicación, educación, etc.) estuvo casi monopolizado por la izquierda. Aquí también mucha gente está harta.

A la vista del avance de la extrema derecha en las elecciones europeas, que en su país ha llevado a la convocatoria de comicios, ¿qué puede tener un impacto mayor en nuestras sociedades: la población musulmana o la reacción frente a ella?
Es un hecho que la gente que llamamos de extrema derecha atribuye al islam más de lo que puede hacer. Me parece que hay gente que dice que todos los aspectos negativos de lo que acontece en Europa vienen de la presencia de musulmanes [resopla]. Hay una pequeña verdad: esta presencia es un problema. Pero no es el único problema y puede que no sea el más grave. Hay otros: la relación con la naturaleza, la relación con Rusia. Son gente que tenemos que integrar en la sociedad, que tenemos que conseguir que acepte las reglas de convivencia. No se pueden obtener resultados positivos si la gente que viene de fuera no acepta las leyes del país. Pero este es un problema para los políticos; en esto yo, como filósofo, soy totalmente incompetente.

¿Espera que su libro ayude a plantear mejor el diálogo?
El primer paso para tener un diálogo sería un conocimiento auténtico de lo que piensan  ambos lados y un mejor conocimiento mejor de su religión y la nuestra. Muchos llamados cristianos no conocen nada de su religión y tampoco del islam; también los musulmanes conocen muy poco su propia religión. La gran mayoría conoce las primeras palabras del Corán y la sura 112, que contiene la negación de la filiación y la parentalidad divina; y basta, porque lo que queda resulta muy difícil de entender también para un árabe. Con frecuencia se figuran que en el Corán se hallan cosas que no están, y al revés.

Por lo que se refiere a los cristianos, sin un conocimiento básico de su propia religión la gente se figura que hay palabras y conceptos que tienen el mismo sentido en ambas religiones. Pero no entendemos lo mismo cuando se habla de fe, o de Abraham. Hay quien se refiere a las «tres religiones abrahámicas», cuando en el Corán se dice que él no era judío ni cristiano, sino monoteísta y «muslim», «sometido a Dios»; es decir, musulmán. Por eso cuando un judío o un cristiano hablan de Abraham quieren decir que hay una unidad honda de las tres religiones, mientras que si lo hace un musulmán excluye a esas dos religiones. Hay un constante malentendido.

Sobre el Islam

Autor:

Rémi Brague

Editorial:

Encuentro

Año de publicación:

2024

Páginas:

376

Precio:

24 €

La entrada Rémi Brague: «Tenemos que integrar a los musulmanes» se publicó primero en Alfa y Omega.

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