Los transhumanistas fijan la mirada en China

TongTong se presentó oficialmente en sociedad la semana pasada en la feria tecnológica Zhongguancun Forum, de Pekín (China). Con aspecto de niña, se trata de un avatar con inteligencia artificial (IA) y según la empresa BIGAI, que la ha creado, puede asignarse tareas a sí misma. En el futuro «se podría personalizar para ofrecer compañía» a personas solas, según el periódico chino Global Times. Pero TongTong no es el único, ni el principal hito tecnológico chino este año. Apenas unas horas después de que el 30 de enero el millonario Elon Musk anunciara que su empresa Neuralink había implantado en el cerebro de una persona el primer chip para interactuar con una máquina, la Universidad Tsinghua aseguró que sus investigadores ya habían logrado movimientos en dos personas tetrapléjicas con NEO, un sistema similar. «Es difícil saber más», asegura Sara Lumbreras, subdirectora de Resultados de Investigación del Instituto de Investigación Tecnológica de la Universidad Pontificia Comillas y autora de Respuestas al transhumanismo. «China no es muy transparente», especialmente sobre qué controles ha habido. 

He Jiankui presenta su
experimento. Desde 2018 no hay información pública sobre las niñas afectadas. Foto: AFP / Anthony Wallace.

Por desarrollos como estos la experta asegura que los transhumanistas, que defienden el uso de la tecnología para superar las limitaciones humanas, «tienen puestas muchas esperanzas» en el gigante asiático. Lumbreras explica que puede haber dos ámbitos en los que China desarrolle tecnología que en Occidente «no podríamos usar» a causa de las leyes y límites éticos existentes: los mecanismos de control social con IA y la experimentación biológica, por sí misma, como el segundo caso de clonación de un primate anunciado el pasado enero; o unida a la IA y la robótica. 

Todo ello, a pesar de que China asegura haber endurecido sus normas bioéticas desde que en 2018 el científico He Jiankui anunció el nacimiento de tres bebés modificados genéticamente para ser inmunes al VIH. Fue la primera vez que se introducían en humanos cambios genéticos hereditarios. Joseph Tham, profesor de Bioética de la Universidad Pontificia Regina Apostolorum y que al ser originario de Hong Kong ha podido seguir el caso, asegura que la primera reacción en China fue positiva por «haberlo hecho antes que nadie». El tono cambió tras las críticas internacionales. He —su apellido— fue condenado a tres años de prisión. «Fue un chivo expiatorio», afirma. «Estaba haciendo lo que muchos científicos querían», las leyes «eran mucho menos estrictas» y no estaba claro si había recibido alguna autorización. «Todas estas cosas son muy opacas en el sistema legal chino». Al salir de la cárcel, de hecho, pudo poner en marcha su propio laboratorio de terapia génica, donde quiere crear embriones inmunes al alzhéimer. 

China

Población:

1.430 millones

Gasto público en ciencia y tecnología:

139.700 millones de euros en 2023, el doble que diez años antes

No parece preocuparle que en su país las leyes bioéticas resulten más estrictas que en Occidente. «Al menos nominalmente», matiza Tham, que explica que aunque a las autoridades «les interesa mantener un estándar internacional de legalidad», buena parte de las normas «no se aplica». Eso sí, están ahí para recurrir a ellas «si te metes en problemas». En China, asegura, no hay una reflexión ética real. «La cuestión del embrión humano, de la dignidad y de los derechos humanos no es prioritaria. Para ellos, los avances científicos son más importantes». 

Si ocurre, que no sea aquí

Esta brecha otorga al país asiático «una ventaja desleal», reconoce Lumbreras. «Pero no podemos renunciar a nuestros principios éticos». Si no se puede impedir que algunas cosas ocurran, «que no surjan en nuestro territorio». Otros no ven tan claro que la diferencia de límites se vaya a mantener. «Hay una carrera global en Oriente y Occidente para extender la capacidad humana más allá de los rangos normales», subraya Tham. Y tanto en China como en Europa y Estados Unidos hay quienes «quieren trabajar sobre el embrión humano. No creo que Occidente se vaya a quedar atrás». Su opinión coincide con la de Rafael Monterde, del Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia y experto en transhumanismo. En la competición geoestratégica con la nación asiática, cree que «sin que sea deseable» acabará prevaleciendo una visión similar a la que durante la Segunda Guerra Mundial defendió «adelantarse a los nazis en desarrollar la bomba atómica».

Lumbreras, sin embargo, considera «pesimista» afirmar que con límites legales Occidente «va a perder competitividad». Defiende que los avances que puede hacer China «no son lo que necesitamos» y cree que Europa puede encontrar su hueco en otro tipo de progreso, precisamente gracias a sus preocupaciones éticas. En el ámbito de la inteligencia artificial, por ejemplo, los algoritmos transparentes y cuyas decisiones son explicables «pueden ser más robustos», funcionar mejor y descubrir relaciones causa-efecto que hagan avanzar la ciencia. «Lo mejor que nos podría pasar es posicionarnos como líderes en esta tecnología».

Claves

El presidente del Partido Transhumanista de Estados Unidos alabó en 2022 la actitud «pragmática, secular y tecnológicamente abierta» de China.

Once embriones editados implantó He Jiankui en mujeres. No fue el primero en investigar con ellos, pero sí en llevarlos a término.

Aunque el equipo que ha clonado dos veces primates se desvinculó en enero de la clonación humana, en 2018 un miembro habló abiertamente de ella.

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