Laicos de Toledo enseñan a los conventos a ser más sostenibles

«Aquí hay que hacer algo», dijo en alto Francisco Márquez, militar en la reserva y empresario jubilado. Había tomado la palabra en el I Congreso Internacional de Conventos, que organizaron en noviembre pasado el Consorcio de Toledo y la Vicaría para la Vida Consagrada de la archidiócesis primada. «Si la cosa sigue así, el año que viene nos reuniremos y habrán cerrado dos o tres conventos más», añadió. Tras el acto, se acercó a él Raúl Muelas, vicario para los contemplativos y religiosos de la diócesis, y le ofreció participar en la asociación Amigos de los Conventos de Toledo.

«Ha sido todo muy rápido», explica Márquez en conversación con Alfa y Omega tras los primeros tres meses de vida de la asociación de la que es presidente. Para cuestiones operativas ha constituido un grupo de diez personas denominados facilitadores, cuya primera labor ha sido elaborar un estudio de las necesidades más urgentes de los 35 conventos de la diócesis. En este tiempo han recorrido 3.000 kilómetros para visitar personalmente cada monasterio, «porque si no, es imposible que te enteres de las cosas», dice Márquez.

Los que se aprovechan de las monjas

«Quizá la mayor vulnerabilidad de las contemplativas es que están muy solas. Eso lo utiliza gente malintencionada para aprovecharse de ellas», cuenta Francisco Márquez. Ejemplos recientes de ello son una llamada falsa que recibió una superiora para pedirle 500 euros para el Arzobispado o el chantaje que recibió otra de parte de un avispado que amenazó con denunciarla por vender pastas que supuestamente le habían sentado mal.

Para evitar estas situaciones, la asociación ha facilitado a los conventos un teléfono para consultas urgentes disponible las 24 horas al día. «Son personas muy competentes en su profesión y muy capaces, nos ayudan mucho», afirma sor Lucía Girón, superiora de las comendadoras de Santiago, en Toledo. «Además —añade­—, que vengan de la mano del Arzobispado de Toledo nos da mucha tranquilidad».

Así, en el convento de San Clemente sugirieron a las monjas realizar trámites utilizando la firma digital, pero al llegar allí tuvieron que esperar 20 minutos para que su ordenador acabara de arrancar. «Esto nos ha llevado a organizar un plan de renovación de los equipos informáticos de los monasterios, ya que los que tienen están muy obsoletos», señala Márquez. Otras de las dificultades habituales es la de regularizar los papeles de las monjas extranjeras. «Tienen muchas vocaciones en otros países, pero gestionar su llegada se les complica mucho. Por eso llamamos a las embajadas y consulados y resolvemos cuestiones que son pura burocracia pero que a ellas quizá se les hacen cuesta arriba», añade el presidente de Amigos de los Conventos de Toledo. Desde su nacimiento, ya han traído a España una monja de la India y a otra de Colombia.

El horizonte de la ayuda que pueden recibir las contemplativas de la entidad es muy amplio: desde contar con voluntarios que enseñen parte de sus conventos hasta compañía cuando alguna tiene que acudir al hospital; desde información sobre los beneficios que pueden obtener por la ley de dependencia hasta la posibilidad de que alguien lea para ellas un libro para el que, por la edad, ya no les da la vista; también tramitan por ellas las pensiones no contributivas o gestionan con la Administración la posibilidad de recibir alguna subvención.

Los dulces de las comendadoras de Santiago se venderán en la web que unificará los productos de las monjas. Foto: Ana Pérez Herrera.

«En algún caso estamos organizando clases de cocina y de atención al cliente, porque tenemos el proyecto de ofrecer comedores sencillos a un módico precio, como los que hay en Roma», explica Márquez. Avanza además la creación de una red de hospederías, una lavandería industrial, huertos urbanos, una web que ofrecerá rodos los dulces conventuales y hasta un aparcamiento en alguna parcela habilitada para ello. «La idea es que dejen de hacer todas lo mismo y que a todos dejen de salirnos dulces de monjas por las orejas», bromea el presidente de la asociación. «Al final, el mercado manda, pero justo por eso podemos aprovechar el boom turístico de Toledo y que beneficie a los conventos».

Pero la ayuda no se reduce solo a lo material. También incluye lo espiritual. En este sentido, desde su nacimiento en febrero, los Amigos de los Conventos de Toledo ya han ayudado a enterrar a cinco monjas, llevando incluso su féretro a hombros. «Las llena mucho ese acompañamiento», explica Márquez. «Para ellas es un descanso saber que estamos ahí y que pueden contar con nosotros para lo que quieran».

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