La Generación Z de Kenia frena la subida de impuestos

El 19 de junio Samuel (nombre ficticio) salió de trabajar y fue directo al centro de Nairobi a unirse a las protestas. A sus 29 años, viviendo solo y trabajando en una fundación como economista, no es el prototipo de persona que acostumbra a ir a manifestaciones, pero esta vez tenía que ir. Miles de jóvenes de la llamada Generación Z se habían congregado a través de las redes sociales con la etiqueta #RejectFinanceBill2024 para salir a protestar pacíficamente contra la subida de impuestos que acababa de ser propuesta en el Parlamento un día antes. «Como país tenemos que defender nuestra soberanía», contaba en privado. Diez días antes, el Gobierno keniano se había enfrentado a la revisión del acuerdo firmado en abril de 2021 con el Fondo Monetario Internacional y este le había pedido reformas fiscales para desembolsar 976 millones de dólares, una cuarta parte del total.

El Ministerio de Finanzas decidió que la manera más rápida de recaudar para cumplir con las obligaciones era subir el IVA. Y vaya si lo hizo. En el presupuesto se incluía eliminar la exención y subir el impuesto a decenas de productos. Entre los más criticados estaban los que más afectan al bolsillo del ciudadano: una subida del 16 % del impuesto al pan; un 25 % al aceite; un 5 % a los pagos a través del móvil y un 2,5 % al impuesto a vehículos de motor. Pero eso no era lo único; nada se salvaba de la subida, que incluía un IVA del 16 % a las bicicletas eléctricas, los teléfonos móviles e incluso a los cohetes.

Conforme pasaban los días, las protestas aumentaron en volumen y tono. El presidente, William Ruto, acordó quitar aquellas subidas de impuestos más criticadas, pero los manifestantes pedían retirar la propuesta de ley al completo. El ministro de Economía, mientras, amenazaba que sin esa subida de impuestos no habría dinero para subvencionar la comida en colegios o contratar médicos.

El martes 24 de junio se iba a aprobar la medida para hacerla entrar en vigor el pasado 1 de julio, pero comenzó a coger forma la etiqueta #OccupyParliament, llamando a los jóvenes a impedir el voto. Samuel seguía acudiendo con mascarilla y un pasamontañas que le tapaba media cara. Durante el fin de semana, las fuerzas policiales habían intentado dispersar las manifestaciones con cañones de agua, gas lacrimógeno y disparos al aire, mientras los manifestantes gritaban: «Somos pacíficos». La tensión iba en aumento y Samuel decidió quedarse en casa. Cuando los diputados se dispusieron a votar, decenas de manifestantes entraron en el Parlamento. La Policía abrió fuego contra ellos y muchos otros que estaban fuera. Ruto, salió por la noche y dijo que desplegaba el Ejército para frenar las protestas «secuestradas por un grupo de delincuentes organizados», sin atisbo de dar un paso atrás.

Pero conforme avanzaban las horas, las imágenes y la reacción internacional se le echaron encima. En total, 39 jóvenes habían sido asesinados, 30 estaban heridos de bala y más de medio centenar fueron secuestrados, según datos de Amnistía Internacional. Los principales países occidentales y líderes internacionales, incluido el secretario general de la ONU, António Guterres, pidieron contención a Ruto. «Insto a las autoridades de Kenia a que actúen con moderación y pido que todas las manifestaciones se desarrollen pacíficamente», dijo. Menos de 24 horas después, el presidente keniano se tragó sus propias palabras. Willam Ruto retiró la ley de subida de impuestos, pero el daño ya estaba hecho.

La Generación Z al poder

Aunque en menor número, miles de jóvenes han seguido protestando, pidiendo ahora su dimisión. «Ruto ahora sabe que la gente no le quiere», dice Samuel. El presidente llevaba meses siendo criticado por sus constantes viajes al extranjero. Desde que fue elegido en agosto de 2022 ha realizado más de 60 viajes, buscando la confianza de inversores internacionales y con su obsesión en mente: reducir la deuda. Kenia llegó a un pico de deuda del 73,26 % del PIB en 2023 y en junio tenía que devolver 2.000 millones de dólares en eurobonos, pero faltaba liquidez. Este año tuvo que volver a emitir bonos y aceptar 1,5 mil millones de dólares al 10,37 %, cuatro puntos más que en la última ronda y el porcentaje más alto de un país africano en lo que va de año para poder devolver la deuda primera. Sin un aumento de la recaudación, Ruto se enfrentaba a una subida de tipos de interés.

Su obsesión por mejorar la economía del país le ha hecho desconectarse de las realidades de la mayoría de la población, que le aupó por unos pocos miles de votos a la presidencia. En campaña, Ruto se dirigió a los hustlers, aquellos jóvenes que luchan por llegar a fin de mes. Ahora, esos jóvenes se han unido por encima de cualquier división étnica para darle la espalda y han perdido el miedo. «La Generación Z ha demostrado que no nos importa la tribu. Tampoco tememos a la Policía. Ellos son nuestros empleados», concluye Samuel.

300.000 personas sin hogar

Entre abril y mayo, al menos 300 personas perdieron la vida y otras 300.000 vieron sus hogares arrasados por las lluvias torrenciales que afectaron a toda Kenia y parte del norte de Tanzania. El desbordamiento de los ríos y el colapso de presas como la de Mai Mahiu a las afueras de la capital fue devastador y el enfado de la población aumentó ante la falta de respuesta del Gobierno, que prometió 76 dólares por familia. Además, estas intensas lluvias han provocado daños en más de 16.000 hectáreas de tierras de cultivo, afectando también a 2.000 colegios y unos 60 centros de salud.

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