La ciencia se suma a la lucha contra los abusos en la Iglesia

La cuestión de los abusos en la Iglesia española se ha abordado, con profusión, a nivel estadístico. Ha contabilizado los casos la propia Iglesia, el Defensor del Pueblo, el diario El País —que el pasado viernes elevó a 1.500 el número de sacerdotes y religiosos acusados de abusos sexuales— y también el bufete de abogados Cremades & Calvo-Sotelo. El Proyecto Jordán, sin embargo, se ha aproximado a la cuestión desde el ámbito de la investigación científica. Se trata de una iniciativa de la Compañía de Jesús, puesta en marcha en 2019, que reflexiona sobre las causas estructurales del abuso en el seno de la Iglesia desde una perspectiva teológico-espiritual. «Nuestro trabajo se ha centrado en detectar la manera en la que funcionan estas estructuras, estas dinámicas sistémicas, para poder desactivarlas», explica  a este semanario Valeska Ferrer, coordinadora del proyecto. Un lustro después de su puesta en marcha los jesuitas presentan ahora las conclusiones de este trabajo en el I Congreso Internacional Jordán, que se celebra hasta el viernes en Madrid, en el Espacio Maldonado, con un marcado carácter interdisciplinar.

Uno de los primeros retos de la cita académica —y por ende del proyecto— ha sido el de desenmascarar los aspectos teológicos que, mal entendidos, inciden en los abusos. Para Ferrer, que es doctora en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia Comillas, la lista es «considerable». Señala, por ejemplo, «la manera en la que se ha entendido el ejercicio de la potestas, de la autoridad, muchas veces con falta de equidad y tendencias manipulativas». O las «narrativas espiritualizadas cercanas a la herejía», que «sostienen prácticas en las que se impone el silencio y se dinamiza el miedo a las represalias». 

Lejos de lo que pueda parecer, no se trata de prácticas ya superadas. «Todavía hay mucho silencio en las instituciones eclesiales» respecto a los casos de abusos dentro de su seno, denuncian en conversación con Alfa y Omega desde una asociación de víctimas, que también sostiene que la crisis eclesial en España por esta lacra «no ha hecho más que empezar».

Reparación y no repetición

Tras la revisión teológica, el Proyecto Jordán y el congreso homónimo siguen una línea argumental que mira hacia la reparación, la superación y la no repetición de los abusos. Gran parte de este trabajo, según el teólogo jesuita Diego Molina —que ha sido el encargado de abrir este jueves la segunda jornada del evento— ya ha sido impulsado, en realidad, por el Papa Francisco. «Muchas de sus grandes reformas han sentado las bases de una forma de caminar en la Iglesia distinta», que no favorezca la pederastia o los autoritarismos. «Hablamos, por ejemplo, del cambio que hizo para que los superiores de ciertos movimientos no se pudiesen perpetuar en el cargo, de su llamada a ejercer el poder de forma sinodal o de la denuncia del clericalismo», resume Molina.

Valeska Ferrer. Foto Cedida por Valeska Ferrer. En el centro: Diego Molina. Foto: Archivo Jesuitas. A la derecha: Sandra Racionero-Plaza. Foto: Universidad Loyola.

Convertir a la Iglesia en una institución cien por cien segura pasa, sin embargo, por una concreción de las grandes reformas del Pontífice en el día a día de cada una de las entidades eclesiales. Para lograrlo se requieren, según Sandra Racionero-Plaza —coordinadora adjunta de la estrategia mundial de la Compañía de Jesús para la superación de abusos— de tres «características innegociables». En primer lugar, habla de «romper el silencio de los abusos, lo haga quien lo haga». En segundo lugar, Racionero-Plaza, insta a proteger a las víctimas o supervivientes y a las personas que las apoyan. «Esto último es central». Lo que ocurre es que «sin el apoyo de otras personas, las víctimas no dan el paso de denunciar». De esta forma, «si se ataca a quienes las protegen y ayudan a denunciar —una práctica que la comunidad científica internacional denomina “violencia de género aisladora” —, no es posible superar los abusos», afirma la experta, que es la cuarta científica más citada a nivel internacional en materia de protección según Google Scholar.

Por último, Racionero-Plaza pide desterrar la improvisación. «No podemos probar con programas y cursos» que no estén avalados por la investigación científica. «Estamos hablando de un problema social muy serio y todas las víctimas merecen lo mejor», concluye la coordinadora, quien también reclama que todo este camino se realice «en diálogo con las víctimas».

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