Junio y las urracas

Ya está aquí el verano y ya tengo en mis manos el libro con el que pensaba pasarme las vacaciones: George. Mi amistad con una urraca, de Frieda Hughes (Errata Naturae, 2024). La autora, hija de Sylvia Plath y Ted Hughes —cualquiera crece tranquilo a la sombra de estos nombres—, cuenta la historia de George, un pollo de urraca que recoge una mañana de mayo mientras jardinea. La tormenta de la noche anterior ha destrozado el nido que habían construido sus padres en el ciruelo de los vecinos y ella, acostumbrada a recoger animales indefensos, lo adopta.

Últimamente proliferan los libros de memorias con animal incluido. Aunque Mi familia y otros animales, de Gerald Durrel, no reinaba en solitario —El círculo de agua clara, de Gavin Maxwell, o los títulos de James Herriot le hacían buena compañía—, estos años parece que el género ha cobrado vida y se ha puesto de moda. ¿Qué tienen los animales que nuestra relación con ellos nos llega de una forma tan profunda y nos despierta unas ganas irrefrenables de contar su historia? Ernst Jünger se preguntaba algo así de un modo más delicado: «¿Por qué el goce de una criatura tal nos afecta tan hondamente, nos recrea, nos alegra de un modo que obra con más fuerza que su simpatía individual?». No lo sé, pero lo cierto es que es un mundo que a muchos nos toca especialmente.

Vaya por delante que este libro me causa cierta ambivalencia. En él conviven una serie de cosas estupendas con alguna que no lo es tanto. Pero empecemos con las buenas: el protagonista, las ilustraciones y la edición. Una urraca es un personaje perfecto y lo que protagonice poco importa: si cualquier animal puede poner nuestra vida patas arriba, este pájaro le da la vuelta como a un calcetín. De la familia de los córvidos, tan listas como sus primos, sinvergüenzas, elegantes y algo ladronas, ¿se puede tener peor fama que ellas? Se puede, pero es difícil. Ahí está, en compañía de buitres y zorros —y cuervos, que desde Noé no se quitan el sambenito de pájaro de mal agüero (mientras que las palomas gozan de una muy inmerecida reputación de pájaro de paz, también desde entonces)—. Inteligentes y carroñeras, elegantes, algo chulescas, de colas largas y figuras gráciles, viven ajenas a la incomprensión general desde tiempo inmemorial.  

Es evidente que no podemos ponerle un pero al protagonista, como tampoco a los dibujos de Hughes, que son graciosos, sencillos y buen reflejo de la personalidad de George. Es una pena que no hayan adaptado uno para la portada porque, aunque la ilustración que han escogido es una preciosidad y nos muestra a una urraca de lo más distinguida, quizá sea demasiado ilustre para la historia que se narra, más cercana y de andar por casa. Lo que nos lleva a la edición, que es estéticamente impecable: muy atractiva, con un papel gustoso y un diseño que hacen la lectura agradable. Detalles que solo se ven cuando están mal resueltos, que son importantes y definen a una editorial. Como también lo hace, por cierto, y de forma muy importante, la traducción. Me apena mucho decir que aquí no las tengo todas conmigo. Si no tuviera la posibilidad de leérmelo en inglés, y siendo el tema del libro la historia de una señora muy interesante que un día se encuentra un pollo de urraca indignado y con muchas ganas de vivir, sin duda seguiría leyéndomelo. Pero mucho me temo que la encuentro algo forzada y, tras una comparación somera con el original, creo que me lanzaré a por la versión en inglés. Eso sí, para aquellos que no tienen esa oportunidad y están enamorados sin remedio de los córvidos, recomiendo esta edición en español de la historia de Frieda y George.

George. Mi amistad con una urraca

Autor:

Frieda Hughes

Editorial:

Errata Naturae

Año de publicación:

2024

Páginas:

336

Precio:

23 €

Portada de 'George. Mi amistad con una urraca'

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