«Hay que recuperar al padre Llanos para volver a entendernos»

¿Cuántas veces se ha visto que en un funeral se cante La Internacional con el puño en alto y también se rece un rosario mientras el féretro lo cargan jesuitas y comunistas juntos? Esto sucedió en el entierro de José María de Llanos —más conocido como el padre Llanos—, lo que es definido por el escritor Pedro Miguel Lamet como «un gran acto de reconciliación de las dos Españas». Sin embargo, este es solo uno de los destellos del testimonio de un sacerdote que aunó una profunda fe con la búsqueda de justicia social y la dignidad de los pobres.

«Fue un hombre puente», le define Lamet quien, en conversación con Alfa y Omega, recuerda que «tuvo una vida de contrastes aunque siempre identificado con los pobres», pero no de teoría ni de palabra, sino jugándose la vida y viviendo literalmente con los que nadie quería. Durante un tiempo desarrolló su vocación de sacerdote jesuita al lado del franquismo como capellán de la Falange Española, trabajando con su facción juvenil y dirigiendo los ejercicios espirituales del general Franco. Lamet, que además es el autor de la primera biografía sobre el padre Llanos, tiene claro que el punto de inflexión en la vida de este sacerdote fue «ver la pobreza extraordinaria que había en España». Cuando fue a las periferias y pisó el barrizal, concretamente en el Pozo del Tío Raimundo, una de las zonas más marginadas de Madrid donde vivían sobre todo andaluces y extremeños, acabó creando allí una verdadera comunidad.

El sacerdote durante el primer mitin del Partido Comunista, tras legalizarse en 1977. Foto: Featurent.

Toparse de lleno con esa realidad hizo que acabara militando en el Partido Comunista y en el sindicato Comisiones Obreras, lo cual fue un escándalo para muchos y provocó, por ejemplo, su despido del diario YA. «Se hizo comunista desde su fe cristiana, pero, al mismo tiempo, con una gran fidelidad a la Iglesia y viviendo como sacerdote en medio de su mundo», afirma Lamet. «A él le daba igual quién fuera la otra persona, siempre y cuando compartieran el mismo objetivo; buscaba cómo poder entenderse», señala Juan Luis de No, director de Un hombre sin miedo, el documental sobre la vida del padre Llanos que se acaba de estrenar tras cinco años de trabajo. Asegura que relatar su historia «ha sido una experiencia vital» y que, después de hacer esta producción, ha salido «transformado por todo lo que he descubierto, como la importancia de los matices y tomarse las cosas con calma para tratar de entender a todo el mundo».

En la vida de este sacerdote, la conciliación era escuchar al otro y reconocer su parte de verdad para llegar a un punto en común en el que todos, especialmente los más pobres, avanzaran. «En un momento en el que el Estado no quería llegar a los sitios más pobres, él iba», señala el director, «y utilizaba sus contactos en el Madrid burgués para cambiar una situación injusta. Era su manera urgente de hacer las cosas».

Lamet asegura que si Llanos viviera hoy en día «se iría claramente a un campo de refugiados», y Juan Luis de No que «estaría acampado con los estudiantes en las universidades por Gaza». El escritor es contundente: «Es una figura que hay que recuperar, porque hemos olvidado la importancia de entendernos y hoy en día faltan personas que luchen por una reconciliación de verdad».

Próximas proyecciones

Madrid:

13 de junio

Extremadura:

12 y 27 de junio

Plasencia:

28 de junio

Cartel de 'Un hombre sin miedo'

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