Francisco asegura que el Espíritu Santo confiere valor a los cobardes

La maratoniana jornada de Francisco en Verona ha concluido con la celebración de la Misa de la vigilia de Pentecostés en el estadio Bentegodi de la ciudad, con capacidad para unas 30.000 personas. A las tres y media en punto el Papa ha aparecido a bordo del papamóvil. Durante 25 minutos ha repartido saludos y bendiciones entre los fieles, muchos de ellos jóvenes. Se ha detenido especialmente con los enfermos, los ancianos y las personas con discapacidad que iba encontrado a lo largo de su recorrido, amenizado por una extraordinaria ambientación musical.

El Papa ha pronunciado una homilía diferente a la que tenía preparada. Ha hablado del Espíritu Santo y, probablemente, él mismo se ha dejado inspirar por el Espíritu durante esta misa. Ha señalado que, en muchas ocasiones, los cristianos no sabemos definir qué es el Espíritu Santo: «Si pregunto en muchas comunidades cristianas, no sabrán qué responder».

Ha explicado que el Espíritu es «el protagonista de la vida cristiana» y que está dentro de cada bautizado y, más todavía, de cada confirmado. Por eso, ha preguntado si escuchamos al Espíritu Santo «que mueve el corazón» o, por el contrario, ni existe para nosotros. Ha recordado la venida del Espíritu Santo a los apóstoles y cómo les confirió el valor necesario para predicar. «El Espíritu Santo nos da el valor para la vida cristiana», ha insistido. Pero es necesario escucharlo, rezarlo y confiar en él, para que pueda cambiarnos la vida en un solo día. «El Espíritu nos cambia la vida». El Papa ha hecho repetir esta frase a todos los fieles.

«Muchas veces encontramos cristianos que son como el agua tibia, ni caliente ni fría. Les falta el valor», ha lamentado Francisco que ha reiterado que el Espíritu es el que da valor.

Antes de concluir su homilía, también ha asegurado que el Espíritu «nos libra del peligro de ser iguales» en la Iglesia porque posibilita la armonía: «Queridos hermanos y hermanas, este es el milagro de hoy. Hacer valerosos a hombres cobardes, con miedo. Permitir la unidad de hombres y mujeres de distinta cultura, hacer la Iglesia. Juntar a toda esta gente, pero no hacerla igual».

Por último, el Santo Padre ha subrayado que esta armonía es importante en la vida personal, en la Iglesia, pero también en la sociedad, porque «lo contrario de la armonía es la guerra».

La esperanza es un derecho

Antes de la Misa, Francisco ha almorzado en la penitenciaría de Montorio. Ha mantenido un encuentro con unos 500 de los internos e internas. El Papa les ha dirigido palabras de consuelo, sobre todo, porque recientemente en la penitenciaría se han registrado suicidios entre la población carcelaria. «Me uno a las familias y a todos vosotros y quiero invitaros a no ceder al desánimo y a mirar a esa puerta como una puerta de la esperanza», les ha dicho en el patio de la prisión. También les ha recordado que la existencia de todos es importante, «no somos material de descarte», y que Dios nunca abandona. «Con Él a nuestro lado, con el Señor a nuestro lado, podemos superar la desesperación», ha insistido.

Ha explicado a estos internos que, aunque hayan sufrido tropiezos y caídas en la vida, lo importante siempre es levantarse. «No es debilidad pedir ayuda, no: hagámoslo con humildad, confianza y humanidad. Todos nos necesitamos unos a otros y todos tenemos derecho a tener esperanza, más allá de cada historia y de cada error o fracaso», porque «es un derecho la esperanza», ha concluido.

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