El Proyecto María Magdalena descubre las huellas de la «apóstola de los apóstoles» en el Camino de Santiago

Desde hace ya algunos años, Ignacio Amor dedica su tiempo libre a recorrer el norte de España documentando todas las ermitas e iglesias dedicadas a santa María Magdalena. Montado en su Land Rover, fotografía cada templo que se va encontrando a su paso en los que la tradición popular ha elevado memoria a aquella a la que los últimos Papas han denominado «la apóstola de los apóstoles». 

«Empecé a trabajar ayudando a mi amigo Alberto Ruiz de la Serna a recoger la devoción a María Magdalena en los antiguos caminos a Santiago. Me pidió ayuda con las imágenes y las fotos, y poco a poco me fui interesando más por su figura», explica Amor, que acaba de presentar en España, en la Fundación Tierra Santa, junto al padre Juan Solana, director de Magdala Center en Israel, el Proyecto María Magdalena, que une a parroquias e instituciones de todo el mundo dedicadas a la santa. 

Hospital de peregrinos. Oviedo. A la derecha: María Magdalena. Valserondo.

El coordinador del proyecto explica que la presencia de María Magdalena en la Iglesia primitiva en España «era muy habitual». Grandes impulsores de esta devoción fueron los monjes de Cluny, que difundieron su memoria desde la abadía de Vézelay, origen de uno de los cuatro grandes recorridos medievales a Compostela. Allí los monjes custodiaban las reliquias de la Magdalena y se ocuparon de propagar su recuerdo en la ruta jacobea por España, antes incluso de que el avance de la Reconquista permitiera abrir el Camino Francés, el más transitado en nuestros días.  

No en vano, durante la Edad Media, en la catedral de Santiago de Compostela la primera Misa de peregrinos de la mañana se celebraba en una capilla de la catedral dedicada a la santa, hoy desaparecida. Así lo recoge el mismo Códice Calixtino, que ya en el siglo XII dice que «entre el altar de Santiago y el de San Salvador está el de Santa María Magdalena, donde se cantan las Misas tempranas para los peregrinos». 

Tezangos. Ribadesella.
Tezangos. Ribadesella.

«Su nombre resuena muchas veces a lo largo del Camino», afirma Ignacio Amor, que menciona en este sentido la gran cantidad de hospitales para peregrinos y enfermos de aquellos siglos, como uno cuyos restos se levantan hoy precisamente en la calle de la Magdalena, en Oviedo. «También hay capillas muy pequeñas levantadas al lado del camino, ermitas que la gente del lugar ha cuidado con mimo hasta el día de hoy», abunda, mencionando por ejemplo la de Tezangos, cerca de Ribadesella. Entre otras huellas de esta presencia está, asimismo, el Bando de la Magdalena en Llanes, una agrupación de lugareños reunidos en torno a esta mujer desde el siglo XIII. En Valserondo, una pequeña aldea asturiana, Ignacio Amor ha podido encontrarse con un señor que venera en su propia casa la escultura que consiguió rescatar de una antigua ermita dedicada a la Magdalena y que amenazaba ruina. 

Modelo de seguimiento 

«Las menciones a María Magdalena son miles en el mundo», confirma Juan Solana, director de Magdala Center, un centro de peregrinaciones en los Santos Lugares, levantado en torno a los descubrimientos arqueológicos realizados en la que fue la cuna de esta mujer. Es allí precisamente donde se encaminará la peregrinación que está organizando en diciembre el Proyecto María Magdalena, a la que se espera que acudan personas de todo el globo. Así, Magdala —la Tarikea del siglo I, que en griego significa «el lugar de la salazón del pescado»— acogerá el hermanamiento de las instituciones que tienen a la santa como inspiradora y que incluye parroquias, conventos y cofradías de todos los continentes.   

Todo ello ayudará a recuperar la dimensión original de esta mujer que estuvo muy presente en la memoria de la Iglesia naciente y que hoy sigue teniendo mucho que decir. «Creo que María Magdalena es una figura providencial en este momento de la Iglesia y del mundo por la importancia que se le está dando a la mujer», afirma Solana. «El feminismo ha desencadenado dinámicas que en esta santa pueden encontrar una aportación muy profunda», añade. Además, en un contexto más eclesial, la Magdalena revela que «el papel de la mujer en la evangelización es capital, a veces más profundo que el de los hombres». Para Ignacio Amor, su legado espiritual pasa por su modelo de seguimiento: «En el momento en que se convirtió fue a por todas, y por eso ofreció todo lo que tenía y todo lo que era para unirse a Cristo y servirle».

Quién fue y quién no fue

«Por favor quítale a María el epíteto de prostituta», le dijo el arzobispo de Liverpool a Juan Solana en un encuentro en Jerusalén. Confusiones históricas sobre esta mujer ­—sin embargo, la más citada de los Evangelios— la han hecho pasar por María de Betania, por la meretriz que ungió los pies a Jesús con sus cabellos o con la adúltera a la que iban a lapidar.

La semana pasada en Madrid, en la presentación del Proyecto María Magdalena, Jennifer Ristine, autora de varias obras sobre ella, destacó que «acompañó y apoyó a Jesús con sus propios recursos», lo que indica «un estatus social alto». Para María Teresa Álvarez, autora de María de Magdala, «Jesús es quien más ha hecho por la mujer y nos ha defendido a todas en María Magdalena».

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