Cómo pasar de adorar a Hércules a san Esteban

San Esteban Protomártir «es la iglesia más emblemática de Valencia porque cuenta la leyenda que aquí se casaron las hijas del Cid», explica a Alfa y Omega Fernando Ros, su párroco. Según la Crónica popular del Cid, un libro que en 1911 unificó los rumores sobre las gestas de Rodrigo Díaz de Vivar, el caballero mandó consagrarla a la Virgen de las Virtudes al conquistar la ciudad y darle un nuevo uso a su mezquita. Ros explica que el castellano eligió esa devoción «porque era la imagen que siempre llevaba consigo». Pero al ser Valencia territorio de frontera, la iglesia volvió a ser mezquita al caer de nuevo bajo el dominio musulmán. Y ya en 1238, de forma mejor documentada en el Ordinatio Ecclesiae Valentinae y el Llibre del Repartiment de València,  Jaime I reconquistó la ciudad y la mandó consagrar a san Esteban.

Hay una explicación de por qué este monarca consagró la iglesia al primer mártir. «Desde el siglo II, se extendió por la ciudad una gran devoción por Hércules, el semidiós de la victoria, y comenzó a aparecer en las placas mortuorias», apunta Ros. Después, con la cristianización del Imperio, el fervor por este personaje pagano evolucionó hacia san Esteban, «el Hércules cristiano», llamado así  por su victoria como «valiente defensor del Evangelio», aunque sin armas y costándole la vida. De hecho, antes de ser mezquita, los cimientos de la parroquia descansaron sobre un templo romano porque «los lugares sagrados dedicados a las divinidades se suelen respetar aunque se empleen para otra religión».

Una vez conquistada definitivamente por Jaime I, San Esteban Protomártir se convirtió en «un templo gótico de una sola nave». Aunque después, «debido a las modas de la época, se revistió todo y se convirtió en barroco». Así, sus muros internos cuentan con «una serigrafía de dibujos elaborados con marmolina y con muchas florituras» que muestran «animales y algunos tipos de flores».

Según recoge en sus escritos Elías Tormo, quien llegó a ser ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes bajo la dictadura de Dámaso Berenguer, la serigrafía de este templo constituye la «obra maestra, la de más fina belleza del estilo churrigueresco valenciano».

No es el único tesoro de la parroquia que acometió unas profundas obras en 2009 para reparar el daño causado por la humedad del río Turia, a tan solo 300 metros. Aunque su impacto también trajo un hallazgo inesperado, pues provocó el derrumbe de una de las bóvedas barrocas para revelar su diseño gótico original, cuando Pedro Pérez Castiel las firmó en 1677 bajo el misterioso pseudónimo de Felipe. Debido a su simplicidad, las pinturas que la cubren «parecen un grafiti», explica Fernando Ros, aunque de un contenido más elevado, pues muestran «ángeles músicos con muchos símbolos eucarísticos». Lo que da a entender que entonces «esa capilla se dedicó a guardar el sagrario».

Por su belleza, San Esteban Protomártir ha sido tradicionalmente «la iglesia con más bautizos» de la ciudad. En 1970, allí se iniciaron en la fe 1.600 niños. Con el descenso de la natalidad y la secularización, actualmente son unos 350 niños por año. Aunque ninguno tan famoso como los santos Luis Bertrán o Vicente Ferrer, quienes se bautizaron en aquella misma pila. Sobre este último, una placa en la fachada exterior recoge el evento animando también a los padres de hoy a que regalen allí a sus hijos el don de ser cristianos.

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